Todos hablamos mucho cuando nos cuentan cosas parecidas que les ocurre a otras personas. No sé por qué, pero nunca pensamos que puede sucedernos a nosotros y, en cambio, el día menos pensado...¡pam! te toca a tí, como si te hubieras traído mala suerte tú sola.
Tienes que arreglar cuentas con tu orgullo y con tus ganas de seguir con él... ¡pero qué coñazo! Siempre he sido una negada en matemáticas. Y además, en el amor no existen ecuaciones ni operaciones... No existe el contable de los sentimientos ni el asesor financiero del amor. ¿Qué ocurre, que hay que pagar un impuesto por ser feliz? Si fuera verdad, lo pagaría a gusto...
Lo peor de todo es que le echo de menos... Estoy en el puente, paro el coche y bajo. Me acuerdo de esa noche, esos besos... Veo nuestro candado y me acuerdo de cuando arrojó la llave. Era una promesa, Step. ¿Tan difícil era mantenerla?
~ Tengo ganas de ti, Federico Moccia

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